Sobre "Alba: Oda a la nostalgia".
José Madero ha sido, sin yo proponérmelo, una suerte de narrador omnisciente en mi vida. Como esos personajes que, desde las sombras del telón, dictan lo que uno aún no sabe que sentirá. Su discografía ha sido una línea paralela a mis propios tránsitos: la secundaria con sus espinas, la preparatoria como umbral incierto, la adultez como una promesa sin firma. Pero entre todos sus álbumes, hubo uno que se me presentó a destiempo. Uno que no encajó, no porque estuviera mal hecho, sino porque me faltaba todavía perder ciertas cosas para comprenderlo. Me refiero a Alba , ese monumento sigiloso a la nostalgia. La nostalgia es una emoción incómoda. No tiene la violencia del dolor ni la ligereza de la alegría. Es una herida tibia, una presencia de lo que ya no está. Y Alba la recoge con la precisión de un entomólogo que estudia mariposas extintas. No hay en el álbum una búsqueda por rehacer el pasado, sino por habitarlo brevemente, como quien entra a una casa antigua solo para respirar...