A manera de prólogo: Poco se habla de que, a diferencia de otros textos, esta vez, el título llegó antes que cualquier otra línea. Antes de escribir, ya sabía sobre qué iba a ser este escrito; por lo general, siempre comienzo sin ningún rumbo y dejo que el sinuoso camino de mi conciencia me lleve hasta donde mi temple (y cordura) aguante. Esta vez, por miedo, enojo, tibieza o aburrimiento, decidí plasmar sin tantos eufemismos lo que me atormenta, por lo que, si peco de crudeza, habré de omitir nombres, matices y plazas. Partiendo del supuesto de que la segunda persona no es la musa que tejió estos verbos, pregunto: ¿Mis letras habrán de llegar al fondo de su corazón, o terminarán resbalando por su espina dorsal? Y si la tercera resultara ser segunda… Bueno, no hay mucho qué hacer. A menudo, mis ensoñaciones no acaparan el faro durante mi semana. Al despertar, no quedan más que retazos de aquellas vidas que nunca fueron, que nunca pasaron; son destellos que se confunden con ...
Comentarios
Publicar un comentario