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Entre flores, brujas y otras permanencias.

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  Hay textos que, por alguna razón, exigen nacer en desorden. Esta columna, por ejemplo, bien podría haber cerrado con lo que ahora estoy por decir. Pero cuando uno escribe desde el temblor, lo que importa no es la estructura, sino la urgencia. Y hoy, más que un argumento claro, tengo una idea que no quiere irse: que hay cosas —cosas profundamente simples— que se nos escapan justo porque están siempre ahí. Intentaré explicarlo, aunque sospecho que la palabra me queda corta. Pensaba en esto mientras recordaba algo tan mundano como las flores. Durante muchos años, no me detuve a verlas de verdad. Las conocía, claro, pero no con la profundidad que ahora me inquieta. Eran parte del decorado: celulosa pintada de colores, útil para adornar mesas, funerales o disculpas. Jamás me había preguntado cuánto gira, simbólicamente, alrededor de una flor. Fue hasta hace poco —quizá cuando la mirada se vuelve más serena y menos ocupada— que empecé a notar sus contornos, sus formas delicadas, s...

Sobre el dolor y otros pormenores.

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El dolor, ese algo que nos recuerda que estamos vivos y, según algunos, una alerta de que nos hacemos daño. El dolor es tan complejo que no sabemos exactamente cuándo nace y cuándo se esfuma, cuándo una astilla en el dedo se convierte en una estaca en la garganta; si bien entendemos lo que es sentir, el dolor es indescriptible, es tan personal, tan subjetivo, que la mano izquierda no sabe cuánto le dolió a la mano derecha haberse machucado con la puerta de la habitación.  Pensamos en el dolor como algo temporal o intermitente, algo que llega con boleto de ida y vuelta; esa idea nos conforta porque el dolor es un huésped mal recibido, rezamos para que tome sus maletas viejas y se aleje de nuestro. Mal inquilino resulta el dolor, que deja su marca en el tapiz de la conciencia y provoca cicatrices que, en el mejor de los casos, solo harán breve remembranza de su visita.  Algunos creen que el mejor analgésico para el dolor es la indiferencia, como si ignorar su existencia nos hici...