Recuerdos fuera de presupuesto.
Esta noche tenía planeado publicar otra cosa. El texto ya estaba escrito, corregido, y —como siempre— con la firma temblorosa de alguien que todavía cree que escribir es una forma de hacer las paces con lo que no se comprende. Era una columna distinta, quizás menos íntima, más reflexiva. Pero a última hora, y sin previo aviso, recordé a alguien. No como se recuerda una anécdota, sino como se recuerda una melodía que uno creyó haber olvidado. Y me fue imposible no escribir sobre ello. Hay personas que no se ven con claridad, pero cuya presencia se graba con una nitidez casi sobrenatural. Ella fue una de esas presencias. No compartimos espacio con frecuencia —de hecho, casi nunca—, pero cuando lo hicimos, yo la miré como se mira algo que se sabe lejano, como quien observa desde un andén a un tren que no abordará. No había pretensión, ni expectativa, ni plan alguno. Solo una fascinación silenciosa por su forma de estar. Era, como decirlo sin caer en lugares comunes, una de esas bell...