Fiat Lux: sobre el derecho de imaginar que tal vez sí.
No es la primera vez que escribo sobre el miedo. Sobre esa punzada que aparece justo cuando algo bueno asoma su sombra. Lo he dicho antes, lo he repetido casi como credo: que cuando todo parece empezar a funcionar, uno empieza a prepararse —de forma instintiva— para perderlo. Como si el azar tuviera memoria. Como si la vida tuviera que cobrarse la dicha con una cuota de ruina. Pero esta vez quiero intentar algo distinto. Hace unos días me sorprendí pensando —con algo entre vértigo y ternura— que tal vez… esta vez las cosas podrían salir bien. No perfecto. No eterno. Solo bien. En esa forma modesta pero luminosa que tienen los días en los que no pasa nada malo y eso ya basta. Y no es que haya perdido el hábito de la sospecha. Aún lo tengo, como quien guarda un abrigo por si la tormenta regresa. Pero esta vez —aunque el abrigo esté a la mano— quiero dejar que el sol me toque un poco. Solo por hoy. Solo por esta ilusión que no quiero desarmar con palabras que sobran. Pensé en la inf...