Un recuerdo más de cuando todo estaba bien.
Amar es uno de los misterios más grandes que habitan en el alma humana. A menudo lo confundimos con la posesión, con la mirada que busca asegurarse la presencia del otro, con la esperanza de que el amor sea un espejo donde reflejarnos juntos. Pero amar va más allá de la vista y de los cuerpos que pueden tocarse o alejarse. Existe un amor silencioso, que no reclama ni exige, que no se mide en correspondencias ni en encuentros. Es el amor que arde en el silencio de los corazones solitarios, el que resiste la ausencia y supera la distancia. Es ese latido invisible que sigue marcando un ritmo constante cuando la mirada se cierra y la figura amada se desvanece. Nos enseñan a amar mirando, a amar viendo, y sin embargo, el amor verdadero nace en un terreno más íntimo, donde los ojos no alcanzan a llegar. Amar es un acto profundo y solitario, un pacto con la esencia del otro que no depende de su presencia, ni de su aceptación. Amar es, en esencia, una entrega sin medida, una fe que permane...