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La defensa francesa.

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  No suelo jugar ajedrez. Me gusta observarlo, estudiarlo, incluso hablar de él con entusiasmo sobreactuado. Pero jugarlo, no. Me pone nervioso la idea de que cada movimiento tenga consecuencias. Que no haya azar, ni pretextos. Que todo sea culpa mía o mérito del otro. Que cada silencio tenga el peso de una decisión y cada decisión, el potencial de un jaque mate. Aun así, no dejo de volver a él, sobre todo cuando pienso en ti. Hay días en que siento que todo esto —esto de escribirte sin saber si me lees, de pensarte sin saber si me piensas— es una especie de partida por correspondencia. Como esas viejas contiendas entre maestros soviéticos que se prolongaban por meses, cada uno enviando su movimiento a través de una carta cuidadosamente redactada. El reloj no corría para quien esperaba, solo para quien respondía. Y si bien eso evitaba el apuro, también condenaba al olvido. Supongo que nosotros somos algo parecido: dos jugadores de distinta escuela, que a veces mueven piezas con e...

Fiat Lux: sobre el derecho de imaginar que tal vez sí.

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  No es la primera vez que escribo sobre el miedo. Sobre esa punzada que aparece justo cuando algo bueno asoma su sombra. Lo he dicho antes, lo he repetido casi como credo: que cuando todo parece empezar a funcionar, uno empieza a prepararse —de forma instintiva— para perderlo. Como si el azar tuviera memoria. Como si la vida tuviera que cobrarse la dicha con una cuota de ruina. Pero esta vez quiero intentar algo distinto. Hace unos días me sorprendí pensando —con algo entre vértigo y ternura— que tal vez… esta vez las cosas podrían salir bien. No perfecto. No eterno. Solo bien. En esa forma modesta pero luminosa que tienen los días en los que no pasa nada malo y eso ya basta. Y no es que haya perdido el hábito de la sospecha. Aún lo tengo, como quien guarda un abrigo por si la tormenta regresa. Pero esta vez —aunque el abrigo esté a la mano— quiero dejar que el sol me toque un poco. Solo por hoy. Solo por esta ilusión que no quiero desarmar con palabras que sobran. Pensé en la inf...

Sobre lo que parece amor, aunque tal vez no lo sea.

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  Hace unos días me encontré en la red social X (antes Twitter) una fotografía del cuadro Ceci n’est pas une pipe —Esto no es una pipa— del pintor belga René Magritte. Lo recordaba vagamente de alguna memoria perdida, pero esta vez me detuve a mirarlo más de lo necesario. Lo describo: una pipa, perfectamente ilustrada, que lleva una frase escrita con pulso firme que niega lo que estamos viendo. “Esto no es una pipa”. Y, claro, tiene razón. No lo es. Es solo una representación. Una imagen. Un intento. La pipa real —la que puede olerse, tocarse, llenarse de humo— no está allí. Magritte no mintió. Solo nos recordó lo evidente que a veces se nos escapa: que lo que mostramos no siempre es lo que es. Que la forma no garantiza la esencia. Que lo que decimos no necesariamente se corresponde con lo que sentimos. Ese cuadro, sin querer, me dejó pensando todo el día. Más allá del arte, más allá de la ironía visual. Me llevó a otra pregunta, mucho más difícil de responder: ¿y si el querer...

La absurda ordinariez de la derrota.

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Hoy, el F.C. Barcelona quedó eliminado en un partido de esos que parecen escritos por un guionista caprichoso: 4-3 frente al Inter de Milán, en la vuelta de la semifinal de la Champions League. Fue un juego frenético. El Inter empezó arrollando con un 2-0 que parecía definitivo. El Barcelona, sin embargo, respondió como un animal herido y remontó con tres goles que encendieron la esperanza. Pero esa ilusión fue fugaz: el empate del Inter llegó en el último suspiro, y el golpe final cayó en el tiempo de reposición, dejando al conjunto catalán en el suelo. Otra vez. Confieso algo: mi corazón futbolero le pertenece a otro equipo. Soy, por formación y por terquedad emocional, aficionado del Club Universidad Nacional, los Pumas de la UNAM. Pero desde hace muchos años he simpatizado con el Barcelona, y en gran parte se lo debo a un argentino menudo que lo cambió todo: Lionel Messi. Por él, por lo que significaba verlo jugar, por lo que inspiraba su fidelidad al club, fui desarrollando una s...