Non Sum Tibi: Ella no era para mí, pero igual la pensé.
Hoy ha sido un día definitorio. No porque haya encontrado respuestas, sino porque comprendí que hay verdades que no necesitan gritar. A veces basta una intuición que se convierte en certeza para que algo termine. Y así fue con ella. La muchacha distinta, disonante, fascinante. La pensé demasiado, la imaginé aún más, y aunque nunca fue mía, algo de mí ya le pertenecía. No hubo escena final. No cartas ni lágrimas. Lo nuestro fue de esos vínculos silenciosos que nunca inician y, sin embargo, dejan cicatriz. Me dediqué a traducirla en matices, como quien intenta leer una partitura que no está hecha para sus manos. Había en ella algo que me desarmaba, una melodía que parecía tocarse sola. Me dejé llevar por la idea —ilusoria, quizás— de que esta vez, habría música para mí. Un amigo y yo tenemos una frase que suele resumir estos casos. Hoy la parafraseo con respeto: “Ella quería entregarse… pero no a ti.” Y eso fue todo. No un golpe, sino una constatación que llevaba tiempo en la p...