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Sobre los actos paganos, voces dormidas y otros pormenores.

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  Durante mucho tiempo —años enteros, si soy honesto conmigo mismo— he mantenido una fidelidad dogmática a ciertos rostros, a ciertos nombres, a ciertos templos de memoria emocional donde nada nuevo podía entrar sin pasar primero por el umbral del pasado. Mis devociones eran antiguas, casi litúrgicas. Sabía a quién escribir, cómo escribirle, qué tono usar, qué nombre no mencionar jamás para no romper el hechizo. Y sin embargo, de un tiempo para acá, una figura nueva ha empezado a emerger con la persistencia silenciosa de un astro que no se postula para el centro, pero que, sin querer, desplaza la órbita. No es amor. Ni siquiera sospecho que lo será. Pero hay algo profundamente pagano en lo que siento cuando ella aparece. Algo que desobedece la línea recta de mis antiguas escrituras. Ella no me pertenece, y eso, en lugar de alejarme, me sostiene. Me doy cuenta de que la pienso más de lo prudente. Que busco sus ojos como quien interroga un oráculo que no tiene tiempo de contestar. ...

La bruja de mis mejores pesadillas.

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La lluvia de esta noche, tímida y a ratos decidida, me ha arrastrado de nuevo a pensar en ella —aunque ya no sé si sigue siendo ella, o si alguna vez lo fue más allá de una invención conveniente del deseo—. Lo único cierto es que, con cada ráfaga que rozaba el techo como un susurro apenas sostenido, algo en mí volvía a crujir. No era tristeza. Era esa nostalgia más oscura, la que se instala cuando ya no se espera nada, pero todavía se recuerda todo. No escribo sobre una persona. No me atrevería. Sería profanar algo que ni siquiera sé si existió. Escribo sobre un símbolo, una silueta que no se deja atrapar por definiciones, que no cabe en las frases con las que solemos nombrar a la gente. Ella era —es— una forma que sólo toma cuerpo en las noches donde no se duerme, en los huecos que dejan las conversaciones que nunca se dijeron, en ese ardor mudo de lo que no se cerró, de lo que ni siquiera se rompió porque nunca llegó a sostenerse del todo. Es una figura temblorosa en la niebla de lo ...