Solos: Vol. II
Durante mi siesta vespertina —que dicho sea de paso, no estaba presupuestada— se me reveló un sentimiento que, aunque presente, hace tiempo no sea hacía notar. En medio del bullicio del subconsciente, lo único que decidí recordar —aunque tampoco es que tenga mucha opción— es a ti, a nosotros. Es complicado pensarnos así, en plural singularidad; conjugarnos en el mismo verbo siempre ha sido un sueño —hoy más que nunca— pero jamás había tenido el placer —o desdicha, según el tiempo verbal— de sentirnos de forma tan vívida. Y es que después del sueño, la realidad se volvió pesadilla, se sentía como haberte perdido, porque ahí, en el sueño, sí fuiste mía. Te sentí tanto que despertar sin ti se sentía como no sentirme a mí del todo, vivir sin sentirme completo. Por un segundo, tal vez un poco más, extrañarte me dolió hasta el alma —o lo que queda de ella—; quiero creer que es porque parte de ella se quedó contigo allá. Y es que suena lógico que solo en mis sueños, ...