Notas de una mosca peregrina.
Ya me he topado antes con gritos ahogados en mares de melancolía; con textos que no me nombran, pero me contienen; con ojos que no me observan, pero me embrujan. Espero no cuente como hacer trampa, finalmente todo se reduce —aunque no disminuye— a escribir sobre ti, y aunque escriba de delirios, sobre demonios y recuerdos, poco o nada escapa de ti. Ya no le haces caso a las abejas, sin mucha explicación nos quemaste a todas dentro del panal; chamuscadas, apestosas, y las alas medio rotas, en viles moscas putrefactas se volvieron mis textos y yo no es que me queje, no me es ajeno el azufroso olor. Pero esta mosca sigue terca, tal vez por desidia de salvarse de tus telarañas frías, o simplemente porque no le gusta escribir para alguien más que no sea su majestad. Luego entonces, parece la manera más discreta que tiene la conciencia de recordarnos que todavía existimos en la decrépita mente del otro. No siempre te recuerdo con estruendo, ni necesitas un nombre pron...