Las flores nacen tarde; las cartas, no tanto.
Prólogo escueto, pero necesario: Decir lo que se siente suele complicarse, pero escribirlo es más difícil todavía. Cuando uno habla, deja que el sentimiento hable, dejamos que la garganta traduzca los latidos provocados por quien se tiene enfrente. Por más llanas y sobrias que puedan escucharse, resuenan en los oídos correctos y valen por sí mismas, por lo que son, porque son reales. Cuando se escribe, en cambio, uno evalúa cada palabra, cada letra, y los delirios cual editores van dictando qué sí, qué no. Nada se siente lo suficientemente bueno para ser leído por los ojos a quien se escribe. Creo que para la mayoría, escribir se limita a una herramienta que usamos cuando es necesario, un recurso más. Pero cuando escribir es lo único que se tiene, se empieza a valorar a quién se le dedica lo poco que el alma puede ofrecer. A su majestad: No sé bien por qué me ha tomado tanto tiempo escribirte esta noche. No es porque haya olvidado la fecha, mucho menos porq...