La cantata del becario sin candado.
La residencia profesional no solo ha enriquecido mi acervo académico, sino que ha sido un generador de experiencias relatables y singular catalizador de líricas y romántica prosa. Algunas presencias que acompañan mis deberes han llegado a inmiscuirse en los asuntos íntimos de mi conciencia. No es algo que yo haya buscado, pero tampoco he hecho mucho por evitarlo. No tengo por qué dar explicaciones, tampoco es que alguien me las pida, pero sí creo importante (para fines de lectura contextualizada) decir que lo que están a punto de leer ha sido un mero ejercicio literario, una forma de matar los últimos minutos antes de marcar salida. Los dejo entonces con los siguientes versos. No había tenido tiempo de pensar En cuántas veces te observé sin parpadear Y es que mis ojos se sentían inútiles Cuando salías del campo visual Era muy poco mas me volví loco Con las canas a la orilla de tu faz Encasillando esos ojos de coral. Creo la primera vez que me embrujas...