No es el alcohol, juro que no.
El etanol se ha apoderado de mí (no es la primera vez, seguro tampoco la última). Pero no tenía presupuestado encontrarte hoy. Es ingenuo creer que mi prosa hará alguna diferencia, pero es peor no intentarlo. No confío en mí, porque el delirio es mayor que lo que el ron pueda hacerme, pero sé que poco o nada podrá hacer la resaca contra lo que has hecho tú. ¿Demasiado intenso? Puede ser (aunque tampoco puedo culpar al alcohol de todo). Tal vez lo único que puedo concederle al etanol en mi sistema es el valor para acercarme (aún ponemos en duda esa concesión). Tarde o temprano, ante tus ventanas o dicho al aire, habría de canalizar todo el desastre que has provocado en forma de verborrea. Pero eso no lo hace menos real. Porque sé que en cualquier otro universo, esos ojos de bruja me habrían atrapado. Habrá sido coincidencia que el etanol haya estado en mi sistema, lo juro. Porque sé que, en cualquier circunstancia, con todos mis sentidos en mí, li...