La Victoria de los Nazis.
Se ha comentado desde hace tiempo en mis círculos cercanos sobre mi “problemita” con cierto arquetipo de muchachas. Aquellas que se hacen notar sin irrumpir, las que guardan su lugar desde la periferia, esas que —sin hacer ruido— captan toda mi atención y que —sin mucho esfuerzo— dejan en mi mente su recuerdo grabado en oro. Hace poco menos de un mes, a pocos días de la semana santa, un recuerdo así llegó a las filas de mi conciencia. Como lo dije antes, llegó sin avisar, sin irrumpir; fue al mostrarse humana que mis delirios decidieron rendirle a escondidas. Con cada palabra, risa y uno que otro codazo recíproco, fuimos desdibujando la línea que nos separaba. Sin planearlo, comenzamos a encontrarnos en las palabras del otro. Nos sorprendimos, decepcionamos e indignamos a la par; pero también reímos y recordamos cosas que nos hicieran sonreír. Fue sencillo descifrarnos, aunque tampoco había mucho que ocultar. Donde yo anotaba frases, citas e ideas de lo que acontecía al mom...