Abejas y funerales.
Jamás me diste derecho de réplica cuando decidiste irte la última vez. Recriminaste que las moscas merodeaban tus flores, que alguien más ocupaba tu lugar. Pero te equivocaste. Asumiste que tu lugar era en medio de mis textos, cuando no es así; porque un par de hojas, un ramo de flores, incluso un campo entero te queda chicos. No quería que tu lugar se limitara a mis textos porque sentía que merecías más, y quizás mi vida sería un buen comienzo. Temo que nunca me dejaste explicarlo, aunque no creo que hubiera hecho una gran diferencia. Como sea, poco o nada importa ya. Lo que sí importa es que decidiste marcharte creyendo que solo abandonabas unas cuantas letras. Nunca entendiste que el problema no era perder una musa, sino perder el lugar donde aprendí a sentirme en paz. Tú pensabas que escribía sobre ti; la verdad es que escribía desde ti. Hay una diferencia enorme. Una se archiva. La otra te cambia para siempre. Me hubiera gustado que, por una sola vez, me preguntaras qu...