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Del arte, la política y el derecho a callarse el p!nch3 hocico.

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  Para fines de redes, ya se considera noticia vieja la polémica sucedida con James Hetfield, vocalista de Metallica. Pero a mí me gusta el chocolate espeso y opinar hasta haber digerido un poco más la historia, y si alguno de mis cuatro lectores no está al tanto de ello, se los resumo (sin albur). Antes de un concierto, Hetfield dijo (palabras más, palabras menos) que Metallica no estaba para hablar de política, sino para brindarles un buen rato a sus fans con su música.  En otros tiempos, la neutralidad y la omisión (en mi opinión) inteligente eran vistas como eso, un acto de prudencia. Sin embargo, hoy en día, parece ser que se nos obliga a tomar partido en los temas políticos de un cada vez más globalizado y antagonizado mundo.  Esta tendencia se ve más reflejada (desde mi percepción) en el mundo del arte. Y si bien han existido grandes obras y artistas en toda la historia que han hecho de su arte una declaración política, esto no significa que el arte tenga que...

Te regalo mi pulmón.

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  Hace años era aún más tonto e inmaduro de lo que soy ahora. Es un pecado usual, uno que no debería de extrañarle a nadie, más cuando sigue presente en los detalles del día, en nuestros modos, delirios y ansiedades.  No hablaré de los pecados porque no alcanza esta columna, y menos de los míos, porque no alcanza la tinta; pero hablaré de uno, solo uno. No es el que más me duele, tampoco el que recuerdo más, pero sí el que me deja tirado un par de horas sobre la cama, el que me hace escribir de más, y el primero en su tipo que cometí. Cuando apenas comenzaba a discernir entre lo bueno y lo perfecto, y en medio de mis primeras lecciones sobre esa ordinaria forma de engatusarnos que tenemos los adolescentes por otros, me fue entregado algo tan bello como peligroso: un corazón adolescente. Pasé tiempo queriendo darle el mío a una ballerina de grandes mejillas, le llamaré 'Julieta'. Cada intento de entregar a Julieta la potestad de mi sangre resultó en fracaso. Pasó el tie...

Las muchachas de industrial | Rutina poco solemne

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  Hace unos días escribí un par de textos que decidí guardar. Probablemente fue porque temía por las represalias de cierto personaje; pero en vista de no haber recibido ningún maleficio, y un poco a sabiendas de que ya ni su desprecio me permite leer, les quiero compartir dos ejercicios literarios que espero disfruten de leer tanto como yo de escribirlos. "Las muchachas de industrial" Al entrar a la carrera no sabía lo fácil que me iba a enamorar. Por más que había caído antes en romances escolares no había manera de presupuestar que al entrar al salón me encontraría con una sonrisa tan peculiar, con unos modos tan reconocibles y unos ojos muy chiquitos, era tan especial. Fue pasando semana tras semana, a penas la podía saludar. Trataba de mostrarme interesante, pero parece que nunca fui demasiado genial. Me fui poniendo triste ante los hechos, creí que mi vida se iba a acabar. En eso me cambiaron de salón y una nueva muchacha se robó mi corazón. Siempre me gustó más la p...

Notas de una mosca peregrina.

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  Ya me he topado antes con gritos ahogados en mares de melancolía; con textos que no me nombran, pero me contienen; con ojos que no me observan, pero me embrujan.  Espero no cuente como hacer trampa, finalmente todo se reduce —aunque no disminuye— a escribir sobre ti, y aunque escriba de delirios, sobre demonios y recuerdos, poco o nada escapa de ti.  Ya no le haces caso a las abejas, sin mucha explicación nos quemaste a todas dentro del panal; chamuscadas, apestosas, y las alas medio rotas, en viles moscas putrefactas se volvieron mis textos y yo no es que me queje, no me es ajeno el azufroso olor. Pero esta mosca sigue terca, tal vez por desidia de salvarse de tus telarañas frías, o simplemente porque no le gusta escribir para alguien más que no sea su majestad. Luego entonces, parece la manera más discreta que tiene la conciencia de recordarnos que todavía existimos en la decrépita mente del otro. No siempre te recuerdo con estruendo, ni necesitas un nombre pron...