Pensamientos de un becario trastornado.
Cada tanto, el recuerdo de lo nunca fue se apodera de la luz de mis pensamientos, rivalizando el escenario con aquello que pudo haber sido, y presentando a redobles a lo que podría ser. Casi en todos esos actos, apareces tú; en vestido carmesí, en vestido azul, evocando a la muerte y asustando a los poco instruidos en tus artes. Me pongo a pensar, pero casi nunca me atrevo a dejarlo plasmado en el papel. Será que la tinta te va más a ti que a mí. Tú siempre fuiste mejor para hacer visible lo abstracto, para darle color a lo que no va más allá de las sombras. Yo, por otro lado, me conformo con verbalizar los dolores que causaste y los delirios que dejaste en las paredes de mi habitación. Jamás brindaste mucha luz a las noches que pasé rezando tu nombre, pero pregonaste con fuerza las veces que mis ojos miraban otros altares. Y es que no hay manera de comparar romances peregrinos con altares de sangre y fuego. Pero ese jamás fue el problema. Lo que he escrito no es otra cosa ...