Entradas

Abejas y funerales.

Imagen
  Jamás me diste derecho de réplica cuando decidiste irte la última vez. Recriminaste que las moscas merodeaban tus flores, que alguien más ocupaba tu lugar. Pero te equivocaste. Asumiste que tu lugar era en medio de mis textos, cuando no es así; porque un par de hojas, un ramo de flores, incluso un campo entero te queda chicos. No quería que tu lugar se limitara a mis textos porque sentía que merecías más, y quizás mi vida sería un buen comienzo. Temo que nunca me dejaste explicarlo, aunque no creo que hubiera hecho una gran diferencia. Como sea, poco o nada importa ya. Lo que sí importa es que decidiste marcharte creyendo que solo abandonabas unas cuantas letras. Nunca entendiste que el problema no era perder una musa, sino perder el lugar donde aprendí a sentirme en paz. Tú pensabas que escribía sobre ti; la verdad es que escribía desde ti. Hay una diferencia enorme. Una se archiva. La otra te cambia para siempre. Me hubiera gustado que, por una sola vez, me preguntaras qu...

La ordinaria filosofía de un calcetín.

Imagen
  Cada tanto me encuentro sumergido entre epístolas y finiquitos, a veces con personajes que no estaban presupuestados; de cuando en vez, algunos de estos catalizan ideas a las que no les prestaba cierta atención. En amistoso debate con ella, se discutía sin demasiados ánimos —ni argumentos— la solemnidad de esas fundas que destacan entre el zapato y el pantalón. Aquello ocurrió cuando ella tomó mi solemne —y algo pretenciosa analogía— y la redujo a lo que me referí a un "mugre calcetín".  Quizá me enojé porque ella, igual que tú, encontró la manera de destrozar mis anticuados y pretenciosos intentos de solemnidad en una sola jugada, exponiendo mis inseguridades, las que intento cubrir con esa fachada de pseudo intelectual. Pero más allá del bochornoso hecho, aquella afrenta me hizo pensar en que tal vez —porque no termino de aceptar— estoy en un error al demeritar lo chusco y ordinaria. Debe ser por mi manía a idealizar las cosas —o a las personas— que intento dotar de...

Notas de vuelo. Vol. 1: "La revancha del Bajío"

Imagen
  Estoy sentado en el avión, esperando el despegue que me lleve a la Ciudad de México para luego dirigirme a Querétaro. Siempre me ha parecido curioso que uno pueda abandonar una ciudad antes de haber entendido del todo lo que significó. Existe una posibilidad que me asusta. Tal vez esta sea la última vez que parta desde la ciudad que nos permitió encontrarnos, al menos durante un tiempo. No porque haya algo triste en ello, sino porque la vida, cuando avanza, suele llevarse consigo los escenarios donde ocurrieron sus mejores casualidades. No es una mala noticia. Si las cosas salen como espero, significará que alguien decidió confiar en mí; que todo lo aprendido, todas las horas invertidas y todos los intentos finalmente encontraron un sitio al cual pertenecer. Pienso en mi última batalla en el Bajío. No fue la más digna. Me recibió con la dureza suficiente para hacerme volver antes de tiempo. Aunque, viéndolo bien, también fue ese mismo regreso el que terminó llevándome hasta...

Solos: Vol I

Imagen
  Todavía no entiendo cómo después de añorar tanto tu presencia, aún no me acostumbro a sentirte cerca, asfixiando lo que me queda de conciencia. Suena contradictorio que —después de buscarte tanto— ahora no pueda verte a unos cuantos metros sin sentir que mis ya mancillados pulmones dejan de responder. Será por ego, miedo o mera especulación que me alejo tanto como el alma me lo permite. Tal vez mi actuar inconsistente se argumente desde el inconsciente, porque en el fondo —no tanto—sé que volvería a caer. ¿Seré entonces yo el tonto de hojalata que no ha sabido conducirse en este confuso y sinuoso sendero? Sé que no ha sido culpa tuya, no te responsabilizo del detrimento de mi dignidad, pero es imposible ignorar tu nombre al pie. Tal vez un muérdago trastrueque los delirios sacro liricos que te escribí, tal vez los lirios o lo tulipanes te permitan entender mi vil sufrir, o tal vez frívolo mi dolor tremolo nos dejen observarnos en plural; tan poco miedo, muy poco para llorar. Y ya...