Siempre es sobre ti (sobre la fidelidad y otros pormenores).
A unas horas de haber publicado mi última columna (le invito a leerla aquí si todavía no lo ha hecho), una línea escrita llamó —tal vez sin ánimos de hacerlo— mi atención. Aquel dilema, incómodo de pensarse, cargado de sentimiento y tintes de pregunta filosófica decía así: "Cuando el artista cambia de musa, ¿es infidelidad?" No lo sé del todo. Tal vez la respuesta dependa menos de la cantidad de nombres y más del peso específico de uno solo. En mis textos hay otras figuras paganas: algunas de paso, otras más ruidosas, otras que entran y salen como quien no quiere quedarse demasiado tiempo. Pero hay una presencia que no compite, no se disputa, no se negocia. Sin ser mi decisión, aprendí a convivir con su silencio, pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que lo padecía, en el que cada pausa suya se sentía como una falta de aire. Hoy me descubro distinto: ya no sufro sus silencios, me cobijo en ellos. Espero. Y en esa espera —que no exige, que no reclama— algo se o...