La absurda ordinariez de la derrota.
Hoy, el F.C. Barcelona quedó eliminado en un partido de esos que parecen escritos por un guionista caprichoso: 4-3 frente al Inter de Milán, en la vuelta de la semifinal de la Champions League. Fue un juego frenético. El Inter empezó arrollando con un 2-0 que parecía definitivo. El Barcelona, sin embargo, respondió como un animal herido y remontó con tres goles que encendieron la esperanza. Pero esa ilusión fue fugaz: el empate del Inter llegó en el último suspiro, y el golpe final cayó en el tiempo de reposición, dejando al conjunto catalán en el suelo. Otra vez. Confieso algo: mi corazón futbolero le pertenece a otro equipo. Soy, por formación y por terquedad emocional, aficionado del Club Universidad Nacional, los Pumas de la UNAM. Pero desde hace muchos años he simpatizado con el Barcelona, y en gran parte se lo debo a un argentino menudo que lo cambió todo: Lionel Messi. Por él, por lo que significaba verlo jugar, por lo que inspiraba su fidelidad al club, fui desarrollando una s...