Solos: Vol I
Todavía no entiendo cómo después de añorar tanto tu presencia, aún no me acostumbro a sentirte cerca, asfixiando lo que me queda de conciencia. Suena contradictorio que —después de buscarte tanto— ahora no pueda verte a unos cuantos metros sin sentir que mis ya mancillados pulmones dejan de responder.
Será por ego, miedo o mera especulación que me alejo tanto
como el alma me lo permite. Tal vez mi actuar inconsistente se argumente desde
el inconsciente, porque en el fondo —no tanto—sé que volvería a caer.
¿Seré entonces yo el tonto de hojalata que no ha sabido
conducirse en este confuso y sinuoso sendero? Sé que no ha sido culpa tuya, no
te responsabilizo del detrimento de mi dignidad, pero es imposible ignorar tu
nombre al pie.
Tal vez un muérdago trastrueque los delirios sacro liricos
que te escribí, tal vez los lirios o lo tulipanes te permitan entender mi vil
sufrir, o tal vez frívolo mi dolor tremolo nos dejen observarnos en plural; tan
poco miedo, muy poco para llorar.
Y ya ni hablemos de escribir en verso, conjugando lo que
deja el corazón. No me bastaba con tanto eufemismo, ni con tanta esdrújula de
entonación. Creo cuando escribo no me urge respiro, mucho menos libido, tampoco
luz, no falta nada cuando estas tu.
Y si no fuera necesario decir mucho más de lo que los
silencios dan. Estoy seguro, todos tus conjuros poco o nada me podrían afectar.
Si ya soy tuyo, siempre he sido tuyo. Ahora solo toma a disposición; úsame a
ratos, si quieres de nueve a dos.
Porque todavía paso cerca de tu iglesia, y algo dentro mío
se niega a dejar de creer.

Comentarios
Publicar un comentario