Mensajes unilaterales.
Hace unos días,
mientras intentaba desconectarme del mundo, terminé —como suele pasar— cayendo
en un agujero digital sin fondo. Comencé viendo un documental cualquiera sobre
la Unión Soviética, pero pronto me vi saltando de video en video, hasta que una
nota de la BBC me detuvo (click aquí para leer la nota de la BBC en español). Hablaba de estaciones
de radio que transmiten señales sin explicación. Algunas emiten secuencias de
números. Otras, sonidos repetitivos. Otras más, voces en idiomas ya apagados.
No hay anuncio, no hay identidad clara, no hay confirmación de que alguien esté
del otro lado. Y sin embargo, emiten.
Me quedé
pensando en eso. En la persistencia. En ese acto de emitir aunque no haya
respuesta. En seguir hablando al vacío con la esperanza de que, en algún rincón
del mundo, alguien escuche.
¿Y si alguien
escucha?
¿Y si alguien,
sin saberlo, está del otro lado de la frecuencia, interpretando lo que decimos
en clave? ¿Y si, por pura coincidencia o afinación cósmica, hay alguien que
entiende nuestros códigos, incluso si nunca nos responde?
Escribir se
parece mucho a eso. A lanzar señales con la sospecha de que nadie va a
responder, pero con la esperanza muda de que alguien, en algún momento, tal vez
sin decirnos nada, esté prestando atención.
A veces creo
que mis textos son como esas estaciones. Se repiten. Vuelven al mismo ritmo.
Usan palabras parecidas. Hablan de figuras que no se nombran, de historias que
no terminan de aclararse. Pero siguen saliendo. Como si algo dentro de mí no
supiera cómo hacer otra cosa que emitir.
Y a diferencia
de lo que uno podría pensar, no escribo por el deseo de ser leído. Escribo
porque hay algo que necesito seguir diciendo, aunque ya no haya nadie que lo
escuche. Porque hay mensajes que no buscan respuesta, solo tránsito. Palabras
que, aún sin ser interceptadas, merecen ser pronunciadas.
Hay quienes me
han hecho escribir más que nadie. Personas que se quedaron en la sombra pero
que, de algún modo, marcaron la sintonía en la que transmito. Nunca supe si
alguna de ellas llegó a leer algo de lo que lancé. Quizás sí. Quizás no. Pero
lo que me conmueve —lo que me sostiene— es la posibilidad de que, incluso en su
silencio, se haya producido un eco. Aunque mínimo. Aunque fugaz.
Transmitir sin
confirmación. Escribir sin saber si habrá ojos al otro lado. Esperar sin exigir
que alguien venga. Todo eso lo he hecho. Lo sigo haciendo. Y aunque hay días en
los que parece absurdo, también hay otros —más íntimos, más míos— en los que encuentro
sentido solo por el hecho de continuar.
Como esas
estaciones, yo también tengo un ritmo que no se apaga. Y si acaso alguien ha
llegado hasta aquí, si acaso alguien sigue escuchando, si acaso estas palabras
le han sonado familiares sin saber por qué... entonces valió la pena seguir
emitiendo.
Para quienes deseen la versión original del artículo, la historia en inglés puede leerse dando click aquí; BBC Future: "The ghostly radio station that no one claims to run" (2017)
En portada: Interestellar - Christopher Nolan (2014)

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