Solos: Vol. II
Durante mi siesta vespertina —que dicho sea de paso, no estaba presupuestada— se me reveló un sentimiento que, aunque presente, hace tiempo no sea hacía notar.
En medio del bullicio del subconsciente, lo único que decidí
recordar —aunque tampoco es que tenga mucha opción— es a ti, a nosotros.
Es complicado pensarnos así, en plural singularidad;
conjugarnos en el mismo verbo siempre ha sido un sueño —hoy más que nunca— pero
jamás había tenido el placer —o desdicha, según el tiempo verbal— de sentirnos
de forma tan vívida. Y es que después del sueño, la realidad se volvió
pesadilla, se sentía como haberte perdido, porque ahí, en el sueño, sí fuiste
mía.
Te sentí tanto que despertar sin ti se sentía como no
sentirme a mí del todo, vivir sin sentirme completo. Por un segundo, tal vez un
poco más, extrañarte me dolió hasta el alma —o lo que queda de ella—; quiero
creer que es porque parte de ella se quedó contigo allá.
Y es que suena lógico que solo en mis sueños, en mundos que
escapan de toda racionalidad, el "nosotros" sea posible. Y qué dicha
la tuya que en la cruda realidad y terrenos de ficción, mi alma te pertenezca.
Porque yo jamás te tengo, ni dormido, ni despierto; imagina mi desdicha, que ni
en mis textos me permito sentirte cerca.
¿No cabe la posibilidad que el sueño sea este? ¿Es probable
que esta sea la pesadilla y solo volviendo a la cama pueda despertar?
Ojalá que esta noche, mientras la luna escribe sus memorias,
el "nosotros" aparezca en su minuta. Porque fue solo estando dormido
qué descubrí lo que es estar vivo.
En portada: Inception (2010)

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