Epístolas y finiquitos.

 

Prólogo:

“Ya no sé qué nombre darle al dolor que siento en el pecho, tal vez el tuyo le quede bien.”


Me mandaste al infierno —tal vez sin proponértelo— y terminé por acostumbrarme. No digo que quiera quedarme aquí por siempre, pero, siendo honesto, ya pagué este mes. Y la costumbre, incluso en el infierno, se convierte en compañía.

A veces pienso que tus silencios fueron una estrategia para arrancarte de mi memoria, como si dejar de responder pudiera borrarte de mis delirios. Si fue así, lamento confesarte que no funcionó. Te sigo cargando conmigo, en cada detalle insignificante que de repente se viste con tu sombra. Pero sí entendí algo: que el silencio puede ser más brutal que la palabra; que callar también es hablar, y que muchas veces es la única forma de hacerlo. No necesito que lo digas: lo comprendí, aunque duela.

No obstante, no voy a borrarte. No quiero hacerlo. Porque arrancarte de mí sería como mutilarme: un acto de violencia contra algo que ya soy. He considerado esa posibilidad —cortar de raíz, dejar atrás, fingir que nunca ocurrió—, pero no puedo —mi quiero— engañarme. ¿Qué sentido tiene negar lo que fue, si el simple recuerdo de ti me sigue enseñando a respirar distinto? No se precisa ser botánico para apreciar los lirios, ni ser químico para saborear el ron. Del mismo modo, yo no necesito entenderte para seguir buscándote.

Te prometí no insistir más, no volver a flanquearte con cartas insufribles ni huellas de mi obstinación. Y lo haré, porque hasta el escribirte puede convertirse en otra forma de perderte. Me queda claro que insistir en donde ya no hay eco solo aumenta la distancia. El silencio, aunque cruel, tiene la virtud de no desgastar; es una despedida tácita, un cierre que no pide permiso.

Aun así, conservo una certeza que no puedo explicarme: la de que volverás. No lo sé con seguridad, pero lo creo. Si una vez supiste encontrarme en medio del ruido, no veo por qué no habría de repetirse el milagro. Mi fe es absurda, lo admito, pero es la única que me sostiene —y lo único que me queda—.

Hasta entonces, me tomaré la libertad de extrañarte por un tiempo más.


En portada: 500 days of Summer (2009)

Comentarios

LAS MÁS LEÍDAS

Sobre los huéspedes y otros embrujos.

Que la fuerza te acompañe: #MayThe4thBeWithYou

Sobre los celos, las ensoñaciones y otros pormenores.