Familia, carriolas y marimbondos.
Esta noche me dio por escribir sobre una imagen —sí, lo digo bien, una imagen, no una idea, no un momento— que se me planteó hace algunas horas. Esa imagen, la de su majestad sosteniendo en brazos al resultado del más grande y genuino amor, mientras un servidor se dedica a bajar la carriola del maletero; esa imagen, la del hipotético futuro donde todo salió bien.
No fue en nuestras páginas, tampoco en mis sueños —donde ya
es común encontrarla—, esta vez ha sido en el firmamento. Sí, con las nubes
abriéndose como el mar rojo, estrellas narrando la imagen nuestra y marimbondos
en sinfonía.
Será porque hallados los matices y acabádolo en el
vestíbulo, fuera decanto de lo que habiéndole contárale de próxima surgiéseme
de atento escribiéndole en tiempo de noctámbulo y así su majestad omisa
respondiérame al intento que habiéndole presentado.
Parece más dilema que prefacio, describiendo desde el futuro
y rematando en pasado. Pero ¿qué se podía esperar del hechizo de una ya
conocida —y anteriormente referenciada— figura pagana? Que sea confuso es —por
lo menos— predecible, pero no podría ser de esa forma, y no se me ocurre
otra.
Detendré la verborrea —tanto como pueda— para atacar lo que
nos tiene aquí:
Aquella imagen difería en ciertos tonos con lo que un
servidor había tejido en sus sueños más guajiros. No desconcertaba, pero
matizaba para el ojo entrenado.
En primer lugar, de este lado no nos peleamos con el
conservadurismo y la tradición, pero siempre hemos estado más cerca de la
revolución institucional.
En segunda instancia, se sabe que su majestad plantea esta
imagen como un deseo por apresurar el posible futuro; para su servidor, aquella
imagen no es otra cosa que eso, una imagen, un "tal vez" al que se
renunció no por decisión propia sino como una forma de abandonar con dignidad.
Así pues, imagínese el sinónimo con el que gobiérnese al
sintiéndole de su majestad, cuando encontrándose desde la hipérbole de su
delirio la primera persona del singular convirtésese en plural si y solo si la
segunda correspóndele a su servidor.
Aquella imagen, tan vívida en mi mente como en la de su
majestad, me ha hecho creer que tal vez —solo tal vez— hay cosas a las que uno
no renuncia, sino que solo permanecen dormidas en la conciencia, esperando a
llegar. Y así, pagana o legítima, su majestad sigue reclamando su lugar.

Pero primero hay que enfocarnos en llegar en un jet 🛩️, a la reunión 2021-2027
ResponderBorrarLas intermedias son clave.
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