Estaca en el corazón.
Desde hace noches, aquella promesa de vernos se había convertido en el motivo de seguir despertando. Todo pasaba desapercibido, mi mente se hundía en un solemne silencio, parecía que lo único que lograba resonar a través de mi ser era tu nombre.
Estudiando los viejos textos que dejaste atrás, así pasé
casi toda la noche. Un pobre intento por no quedarme callado ante tu imagen
divina, o eso me conté. Tal vez mostrando mi obediencia a tu doctrina
finalmente aceptarías que puedo ser más que un pobre peregrino.
Ingenuo ante la ilusión, lancé una plegaria que fue
contestada —aunque no de la manera que yo esperé—. Esperé a los pies de tu
templo hasta ver una señal. Aquellos minutos parecían —no, corrijo: se
sintieron— como horas enteras de agonía. Fue así como contestaste.
Después de tanto sufrir, sentí tu presencia. Pero no fue
para tenerme —o arrendarme— a tu diestra, no. Con tu arcángel blandiendo su
espada, con el filo en mi garganta, solo me recordaste lo que he sido —y
seguiré siendo— desde hace mucho: un triste peregrino.
Recité todos tus pergaminos, mostré sumisión y obediencia.
Pero no importó. Mi ilusión empezó a quebrar —casi al mismo tiempo que mi
temple— y tu templo dejó de sentirse familiar.
Después de eso, pecar ya no dolía igual. Envenenarme fue lo
menos doloroso de todo lo que aconteció. Sentí tu mirada juzgándome, tratando
de recordarme a quién le debo mi silencio, pero ya no me importó.
Me propuse a abandonar tu altar sin voltear; sin embargo,
antes de partir, tu voz inundó la sala. Tus manos robaron un trozo del viejo
árbol y enterraste una estaca en mi pecho izquierdo.
¿A qué se habrá debido aquel presente? ¿Será que mi rebeldía
ablandó tu corazón? O tal vez fue tu manera de asegurar —o al menos intentar—
que, no importa a quién alce mis rezos, siempre haya un poco de tu altar en mí.
Lo acepté. Nunca fui más que un triste peregrino. Pero desde
hoy, no eres más que una estaca en el corazón.
En portada: What if (2013)

Comentarios
Publicar un comentario