La cantata del becario sin candado.
La residencia profesional no solo ha enriquecido mi acervo académico, sino que ha sido un generador de experiencias relatables y singular catalizador de líricas y romántica prosa.
Algunas presencias que acompañan mis deberes han llegado a inmiscuirse en los asuntos íntimos de mi conciencia. No es algo que yo haya buscado, pero tampoco he hecho mucho por evitarlo.
No tengo por qué dar explicaciones, tampoco es que alguien me las pida, pero sí creo importante (para fines de lectura contextualizada) decir que lo que están a punto de leer ha sido un mero ejercicio literario, una forma de matar los últimos minutos antes de marcar salida.
Los dejo entonces con los siguientes versos.
No había tenido tiempo de pensar
En cuántas veces te observé sin parpadear
Y es que mis ojos se sentían inútiles
Cuando salías del campo visual
Era muy poco mas me volví loco
Con las canas a la orilla de tu faz
Encasillando esos ojos de coral.
Creo la primera vez que me embrujaste
No tenía mucho tiempo de llegar
Cual peregrino que no carga mucho
Solo lo preciso para continuar
Y mi bolígrafo como polígrafo
Me delató sin mucho más
Claro, me habías reclamado sin hablar.
En la segunda, un noble camarada
Me dijo a la cara cruda y cruel verdad
"Cuando ella llega, tus modales cambian
Luces más risueño, menos animal"
Y enseguida, dieron bienvenida
La tremenda corte a su majestad
Y mis pupilas dilatadas a lo más.
A la tercera, fuiste primavera
Llenando mi campo de vida y color
Pues aún sin nombre, mis ojos se esconden
Cuando se hace referencia sobre vos
Suerte sería el ser adminículo
De tu cubículo, tu menester
Para servirte, al menos de ocho a tres.
Y cuando me mantengo expectante
Sobre tu llegada, le doy concesión
A mis delirios para que sostengan
Sobre tu belleza gran conversación
No es que pretenda encallar tus aguas
Mucho menos robar tu concentración
Solo que aceptes darle nombre a mi canción.
En portada: Spider - Man 3 (2007)

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