Pensamientos de un becario trastornado.

 

Cada tanto, el recuerdo de lo nunca fue se apodera de la luz de mis pensamientos, rivalizando el escenario con aquello que pudo haber sido, y presentando a redobles a lo que podría ser. Casi en todos esos actos, apareces tú; en vestido carmesí, en vestido azul, evocando a la muerte y asustando a los poco instruidos en tus artes.

Me pongo a pensar, pero casi nunca me atrevo a dejarlo plasmado en el papel. Será que la tinta te va más a ti que a mí. Tú siempre fuiste mejor para hacer visible lo abstracto, para darle color a lo que no va más allá de las sombras. Yo, por otro lado, me conformo con verbalizar los dolores que causaste y los delirios que dejaste en las paredes de mi habitación.

Jamás brindaste mucha luz a las noches que pasé rezando tu nombre, pero pregonaste con fuerza las veces que mis ojos miraban otros altares. Y es que no hay manera de comparar romances peregrinos con altares de sangre y fuego.

Pero ese jamás fue el problema. Lo que he escrito no es otra cosa que una razón más para ganarme tu desprecio, desprecio que ni siquiera te atreves a mostrarme. Lo que aleja mis barcos de tu orilla es que no sientes lo que yo cuando te pienso. 

Llenas tu arte de ocre y carmesí, pero ninguno de tus trazos se parece a mí. Aves, terneros, cielo y mar, en ninguno estoy, a mis abejas convertiste en moscas fétidas alrededor. Él llego hasta tu corazón, yo no pasé de tu buzón.

Yo aún te busco al llegar a los pies de la catedral, casi nunca te llego a encontrar. Devoro historias de terror, tal vez en mis pesadillas aparezcas, tal vez ahí pueda pedirte perdón. He derramado sangre, tanto llanto, tanta tinta, pero no sirvió. Nada puede convertirme en lo que tu corazón añora tanto; pensé que hartándote podría hacer que me quisieras, qué tonto soy.

Logras meterte en todos mis textos, todos llevan tu marca, tu perfil; los que anexo en la sección, te escabulles hasta los que no son de tu colección. Pones celosa a otras brujas en servicio y hasta a las de pelo azul.

Pero por más que intento, sé que seguirás diciendo que simplemente no sucedió, que tal vez no te quise tanto como puse en esa canción. Me dirás que esperarte es un absurdo, que es un castigo que nadie me solicitó. Por mientras no sé a quién más depositarle todo este amor. ¿A caso un día cambiarás de opinión?

Yo sé que no, sé bien que no. Pero si un día tú me quieres, avísame por favor.

 

En portada: Definitely, maybe (2008)

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