Entre brujas, rancheritas, ceferinas y muchachas de pelo azul.

 


El siguiente texto pertenece a un vestigio sentimental que decidí plasmar en el papel a inicios de este año. Un fantasma, muy presente e, irónicamente, más vivo que nunca, me hizo el favor de recordármela de forma indirecta (como es la naturaleza de casi todos los recuerdos).

Tratando de cumplir con la cuota no oficial de publicaciones y, sin mayor pretensión que la que interprete la segunda persona (y una que otra tercera), me permito compartirlo en este espacio.

 

Hace rato que No ensuciaba el papel con mis delirios en tinta negra, no por repudio al romanticismo y mística —por no decir "pretensión"— qué tiene escribir a mano, era más bien por mera practicidad.

Me dispuse a escribir sin mucha idea de qué o aquí en hacerlo. Rancheritas fresonas, brujas silenciosas, ceferinas de porcelana o muchachas de pelo azul. No estoy seguro, pero creo que alguna de ellas tuvo que ver con esto.

Supongo que la rareza del formato es buena excusa para escribir un tanto a cada una. No estaba en mis planes reunirlas aquí, pero sepan que rara vez comprendo los planes de mis textos, pues he aprendido —al menos— que son mis textos los que me escriben a mí.

A la muchacha de la exclusivo, me permito escribirle:

Poco o nada hemos dejado saberle al otro sobre uno, yo por duelo y tú por respeto al mismo. Quizás te haya arrancado de mis planes, pero jamás del pensamiento.

Sin mucha pretensión, me dirijo a la bruja de mis mejores pesadillas:

Me ha sido complicado tomarles gusto a tus respuestas en forma de silencios; hay algo en ti, en tu misterio, que mantiene cálida mi alma al escribirte. Espero que mis textos sigan calentando una parte de ti, de tu piel. Piénsame un poco de cuando en vez y reza por mi pobre alma cuando estés frente a tu altar.

Con el corazón más diezmado refiero lo siguiente a mi amiga ceferina:

Poco o nada, puedo decir sin comprometer la posición que con tanto esfuerzo he logrado mantener. Un par de cartas que no pude entregarte lo explicarían mejor. No es secreto —aunque suene a confesión— que te extraño, que extraño a mi amiga. Los planes no han sido lo nuestro, pero sí las coincidencias. Tal vez ese sea nuestro estilo. Porque entre tanto delirio, tanto drama y tanta tinta tonta, tú y yo vamos a coincidir.

Con sincera prosa y bajo advertencia de pretensión, unas líneas de verborrea a la muchacha de pelo azul:

Desde la primera persona te escribí en tercera, pero debes saber que siempre me ha costado arrancar en segunda. De ti no puedo escribir más allá de un par de líneas —de nosotros, ni un manchón—, pero de tu idea podría llenar cuadernos. Desde aquí, reconozco que hayas perforado los muros de mi conciencia para llegar a mi columna y, hoy, a estas viejas hojas. Espero que mis letras te digan —y lleguen— más allá de lo que yo podría.

Y es así como un ejercicio literario termina siendo una reunión de musas.


En portada: A Complete Unknown (2024)

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