El 2025 fue —en lo personal— un año extraño y, al mismo tiempo, brutalmente honesto. Un recordatorio constante de aquello que se sembró en el pasado y de lo que, con algo de suerte o terquedad, se espera cosechar en el futuro. Y aunque siempre me he refugiado en la idea de que el porvenir es incierto, hoy prefiero hablar de probabilidades: de la posibilidad real de que las cosas sigan, de que algo funcione, de que alguien permanezca.
Esa mezcla de esperanza e incertidumbre —que nunca he sabido distinguir del todo— fue la que me arrojó una y otra vez sobre el papel. De ahí nacieron textos torpes, otros pretenciosos, algunos dolorosamente honestos, todos atravesados por la necesidad de entender qué demonios estaba sintiendo. Ustedes los leyeron aquí. Pero hubo versiones más crudas, pensamientos sin metáfora ni liturgia, que no llegaron a publicarse. Esos pasaron antes por el filtro silencioso de quienes, con mucho cuidado y no poco miedo, llamo “amigos”.
Amigos que leyeron borradores a deshoras. Que escucharon audios innecesariamente largos. Que se sentaron a mi lado sin intentar arreglar nada. Que no buscaron respuestas, pero ofrecieron presencia. Amigos que supieron cuándo decir algo y, más importante aún, cuándo callar. No fue su tarea salvarme —nunca lo ha sido—, pero aun así estuvieron ahí, sosteniendo el desorden mientras yo intentaba ponerle nombre.
No idealizo la amistad. No creo que sea perfecta ni incondicional. Es incómoda, a veces ingrata, y exige más de lo que uno quisiera dar. Pero también es uno de los pocos vínculos que no pide promesas eternas para funcionar. Basta con estar. Y este año, contra todo pronóstico, hubo quien estuvo.
Es imposible saber si nos tendremos el siguiente año. La vida me ha enseñado —a la mala— que no hay que dar nada por sentado: ni las personas, ni los afectos, ni siquiera la costumbre. Pero sepan que, de este lado al menos, se hará todo lo posible por seguirnos encontrando con una sonrisa o, en su defecto, por recordarnos con cariño. A veces eso también es una forma de permanecer.
Y a ustedes, mis lectores —cómplices silenciosos de este ejercicio catártico—, gracias por regalarme un poco de su tiempo, que cada día vale más y se escapa más rápido. La vida no ha dejado ni dejará de lastimar, así que esperen más textos de este pseudo escritor y cantautor frustrado de cabecera. Mientras haya palabras, habrá intento. Y mientras haya alguien del otro lado, valdrá la pena seguir escribiendo.
A manera de anexo, algunas fotografías de este año.
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| Pianye y su servilleta a mitad del simulacro sísmico. |
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| Algunos disque ingenieros desmontando una máquina CNC. |
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| De izquierda a derecha: Toledo Cruz, Fonseca Morales, Dr. Gilbert, Ing. Brindis, Ing. Itzel, su servilleta, Cuevas Gracía, Gordillo Pérez, Marina Nigenda y Ovilla Delgado. En el centro: nuestra bella y tan melodramática máquina CNC. |
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| Algunos cuantos autistas jugando Blackjack. |
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| Su servilleta y Valdez Vicente, disfrutando de buena música a cargo de Ibiza. |
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| Dos PVRS (Pinches Viejos Ridículos y Satánicos) captados en cámara. |
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| El equipo de #Adulterio2025 contra la antes mencionada máquina. |
Feliz año meming, pásatela chido bro, no te desconectes como el Luis Arturo
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