Del arte, la política y el derecho a callarse el p!nch3 hocico.
Para fines de redes, ya se considera noticia vieja la polémica sucedida con James Hetfield, vocalista de Metallica. Pero a mí me gusta el chocolate espeso y opinar hasta haber digerido un poco más la historia, y si alguno de mis cuatro lectores no está al tanto de ello, se los resumo (sin albur).
Antes de un concierto, Hetfield dijo (palabras más, palabras
menos) que Metallica no estaba para hablar de política, sino para brindarles un
buen rato a sus fans con su música.
En otros tiempos, la neutralidad y la omisión (en mi
opinión) inteligente eran vistas como eso, un acto de prudencia. Sin embargo, hoy
en día, parece ser que se nos obliga a tomar partido en los temas políticos de
un cada vez más globalizado y antagonizado mundo.
Esta tendencia se ve más reflejada (desde mi percepción) en
el mundo del arte. Y si bien han existido grandes obras y artistas en toda la
historia que han hecho de su arte una declaración política, esto no significa
que el arte tenga que ser siempre un reflejo de las ideas políticas.
La auto percibida izquierda de nuestros días parece pensar
que estoy equivocado, que el arte es por definición político y que, aquellos
que no estamos decididos a emitir juicio al respecto, somos cómplices de sus
supuestos perseguidores. Ellos tienen derecho de pensar eso, tanto como yo de
diferir.
Jugaré por un momento al mismo juego que ellos y pensaremos
que existen dos bandos: la izquierda, toda buena y liberadora; y la derecha,
toda maldita y opresora. La izquierda ya no solo condena a quien se percibe
como "derechista", si no que acusa de solapador y cómplice a quienes
sencillamente deciden abstenerse de creer sus delirios (de ambos).
No sé cómo habrá sido para el resto, pero en la casa de
ustedes nos educaron bajo la máxima: "si no tienes nada bueno que decir,
no digas nada". Y creo que se vale. Cuando uno no tiene idea de la
gravedad de la situación, cuando nos falta contexto y no nos sentimos seguros
de emitir un juicio, creo que se vale callarse un ratito.
No faltará quien diga que al ser "figuras
públicas" se convierten en automático en líderes de opinión, y aunque esto
sea cierto de hecho, no quiere decir que sea su responsabilidad. Me parece que
es más responsabilidad de todos elegir a quiénes seguir, a quiénes escuchar.
Pero tal vez la turba está tan enardecida y desesperada por
ponerle nombre y rostro a su delirio que se vuelve sencillo señalar a quien sea
y enviarlo a arder en la hoguera.
Y volviendo un momento al arte: Una buena parte de este
gremio se autopercibe como "izquierdista", incluso como
"anarquistas" en algunos casos, y vaya que buena parte de sus obras
reflejan estas ideas, pero dudo que su arte o, en el caso particular de la
música, no refleje más que sus ideas políticas. Creo que el arte, y la música
puntualmente, que yo supongo es el estado artístico con el que más tenemos
relación, escpa de todos los juicios morales e intelectuales que podamos emitir
y acusa directamente al sentimiento que todos y cada uno de nosotros tiene
resguardado.
Porque, para molestia de la "izquierda", a todos
nos late el corazón. Todos amamos, lloramos, reímos, odiamos, extrañamos,
sentimos; y los que sentimos en demasía usamos (o intentamos usar) al arte como
válvula de escape, como catarsis.
Me parece que los artistas cuyo arte no va más allá de ideas
políticas piensan mucho, pero sienten poco, y me parece también que
descalificar a quien difiere de sus ideas o que simplemente decide no apoyarles
es lo menos progresista que pueda haber.
Para fortuna de todos, la democracia, con todas sus fallas y
perfectibilidades, nos sigue permitiendo diferir; porque ellos (la
"izquierda") creen que todo lo que escapa de su posición política
debe ser eliminado, y tienen derecho a creerlo y expresarlo, el mismo derecho
que Hetfield y todos los demás artistas tienen de callarse el hocico.

Comentarios
Publicar un comentario